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  • Aluna Acompañamiento Psicosocial, A.C.

La impunidad en asesinatos de personas defensoras es la imposición de la mentira institucional



La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) llamó a los gobiernos de América Latina a garantizar justicia a las personas defensoras víctimas de violaciones a los derechos humanos, toda vez que la impunidad en los casos de asesinatos contra ellas y ellos es superior al 90 por ciento en algunos países de la región.


En un comunicado emitido ayer, el organismo internacional reportó que en 2022 recibió información de al menos 126 asesinatos de personas defensoras, mientras que en el primer cuatrimestre del año en curso ya son 33 asesinatos.


“La impunidad perpetúa la violencia y la represión, propiciando un clima de temor, desprotección e indefensión en las víctimas, sus familiares y comunidades al quedar en una situación de absoluta vulnerabilidad y riesgo frente a ataques y violencia. Adicionalmente, cuando los responsables de violaciones de derechos humanos no son investigados, enjuiciados y sancionados se generan efectos adversos para el ejercicio de la defensa de los derechos”, señaló la CIDH.


En Aluna consideramos que la impunidad no es casual, sino que históricamente ha sido parte de una estrategia para violar los derechos humanos desde la supuesta legitimidad de un Estado.


En el artículo La impunidad y sus efectos en la sociedad (2009), Clemencia Correa, directora de Aluna Acompañamiento Psicosocial, expuso: “La impunidad es la negación de la justicia y del carácter justiciable de los derechos humanos, el desconocimiento de la verdad de las víctimas y la imposición de la verdad estatal. Implica, pues, la legitimación del abuso del poder”.


“La impunidad permite asegurar la criminalización del Estado, la protección de los victimarios, la evasión de responsabilidades institucionales, en última instancia, la imposición de una ideología en la que la mentira institucional tiende a convertirse en una verdad social”.


Correa destacó que la impunidad produce efectos psicológicos en las personas y en la sociedad que pueden ser más traumatizantes que los mismos hechos violentos que han sufrido las víctimas: “Cuando revivimos los sentimientos que nos han dejado las injusticias, cuando recordamos que los victimarios recorren las calles, cuando rozamos nuestras heridas y sabemos que están vivas, constatamos que la huella de dolor, del poder, de la barbarie está todavía en nuestra memoria”.


Por todo ello, consideramos muy oportuno el llamado de la CIDH y de suma urgencia su cumplimiento por parte de los gobiernos de la región, el de México incluido. Sin duda alguna, la lucha contra la impunidad es imprescindible para sanar las heridas personales, pero también las de la sociedad entera.

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